¿No te gustan los abrazos? Estudio revela la extraña razón…

Un nuevo estudio afirma que si no te gustan los abrazos

no tuviste una buena crianza…

Abrazo hombre y mujer

 

¿Qué cosa más reconfortante puede existir que un buen abrazo en tiempos difíciles?

Es la mayor muestra de cariño que podemos expresar hacia nuestros familiares, amigos, y la gente que apreciamos, y no solamente como un gesto de amor, por ejemplo, también suele darse cuando nos encontramos con una persona que hace bastante no veíamos para expresarle nuestro gusto, como una muestra de educación.

Sin embargo, existen personas que sienten rechazo hacia los abrazos en general, que preferirían simplemente saludar de lejos o que tienden a esconderse en la hora de año nuevo para evitar llevar a cabo este incómodo ritual, si tú eres parte de estas ¡Estás en el sitio correcto!

Hace unas semanas la revista Time publicó un estudio de Comprehensive Psychology, un sector de la revista que nos explica las razones psicológicas de nuestras actitudes más comunes pero incomprensibles, en esta misma, un grupo de expertos se arriesgo a descubrir cual es la misteriosa razón por la que existe gente que odia los abrazos.

Las investigaciones indicaron que se debe a la crianza de cada uno…

Abrazo hombre mujer

Según los investigadores, los resultados indicaron que si desde pequeño fuiste acostumbrado a ser abrazado por tus padres, esta tarea te resultará tan simple como decir un “hola”, pero si al contrario, no te prestaron demasiada atención, y no recibiste el suficiente amor de pequeño, tenderás a esquivar las expresiones de amor como los abrazos y las caricias, debido a que te resultan incómodas.

“En una familia que no era típicamente demostrativa físicamente, los niños pueden crecer y seguir el mismo patrón con sus propios hijos”, comentó Suzanne Degges-White, profesora de la university Northern Illinois y una de las autoras del estudio.

Los mismos científicos detallaron que existen dos maneras en que no tocarse puede afectar a un niño en crecimiento: su capacidad de poder ser íntimos y compasivos decae notablemente, al igual que la liberación de hormonas relacionadas con la “empatía”, provocando que al llegar a la adultez les cueste mucho más generar lazos sanos y saludables con sus pares.

 

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